La Facultad de Ingeniería Química y la Escuela Industrial Superior de la Universidad Nacional del Litoral, se sumaron el jueves 21 de mayo a la edición 2026 de La Noche de las Ideas.
Esta iniciativa cultural de alcance internacional se inscribe en la ciudad de Santa Fe bajo el eje temático “A 50 años del golpe: Memoria, Verdad y Derechos Humanos”, promoviendo una reflexión colectiva sobre las diversas formas en que el pasado reciente ha sido interpretado, transmitido y disputado en el espacio público.
La actividad se desarrolló bajo la modalidad de recorrido guiado “Arquitecturas de la memoria: huellas materiales del pasado reciente”, una propuesta que invitó a reflexionar sobre los vínculos entre espacio construido, historia y memoria colectiva, entendiendo a los sitios urbanos como soportes materiales de experiencias traumáticas y procesos de resignificación social.
El recorrido más amplio, organizado por el Gobierno de la Ciudad de Santa Fe, partió desde el Mercado Progreso y atravesó distintos espacios emblemáticos de la ciudad vinculados a la memoria reciente, entre ellos la Casa Gris, la Legislatura Provincial, el Teatro Municipal, el Archivo Provincial de la Memoria (Ex Comisaría 4ta) y finalmente la EIS y la FIQ de la Universidad Nacional del Litoral.
Parada FIQ
Durante la parada en la FIQ se realizó un recorrido guiado por el Pasaje de la Memoria a cargo de Erica Edsberg, un espacio institucional dedicado a integrantes de la comunidad universitaria víctimas del terrorismo de Estado. La actividad incluyó palabras alusivas en torno al compromiso de la institución con la memoria, la verdad, la justicia y la defensa de los valores democráticos, a cargo de la rectora de la UNL Laura Tarabella, y la decana de la FIQ, Laura Gutierrez.
“Hacer memoria implica también poder pensar en proyectos a futuro. Para la Universidad Nacional del Litoral estos temas son muy importantes, y para ello contamos con Programas institucionales y trabajamos conjuntamente con las organizaciones de derechos humanos. Por eso su presencia hoy también es muy importante, así como en todos estos años de democracia”, expresó la rectora Laura Tarabella
En esta misma línea, la decana Laura Gutiérrez dijo: “A 50 años del golpe cívico-militar de 1976, seguimos reafirmando el compromiso de la universidad pública con la memoria, la verdad, la justicia y la defensa permanente de los derechos humanos. Porque recordar no es un gesto del pasado: es una responsabilidad del presente y una construcción colectiva hacia el futuro”.
La decana remarcó que: “Como universidad pública, tenemos la responsabilidad de enseñar, investigar y formar profesionales, pero también de construir ciudadanía y memoria. Porque una sociedad democrática necesita memoria activa para no repetir los horrores del pasado. Que este Pasaje de la Memoria siga siendo un lugar de reflexión, de encuentro y de compromiso colectivo”.
En este acto, se incorporó al Pasaje de la Memoria un nuevo símbolo: el poema Hueso, de Óscar Hahn, como expresión del profundo significado que tiene la recuperación e identificación de los restos de personas desaparecidas durante la dictadura. “Un texto que nos recuerda el valor de la vida, el dolor de las ausencias y la importancia de sostener la memoria colectiva frente a toda forma de violencia y deshumanización”, enfatizó la decana de FIQ.
En este contexto, se realizó además un reconocimiento a personal y estudiantes detenidos-desaparecidos con la mención especial a Mario Alberto Nívoli. Nívoli fue integrante de la comunidad educativa de la FIQ, y sus restos fueron identificados recientemente en el sitio clandestino de detención “La Perla” (Córdoba), reafirmando el valor de la memoria activa y el compromiso permanente con la verdad y la justicia. Durante la actividad, se contó con la presencia de su hermana Graciela.
“Fue una época de la que necesitamos tener memoria, para que no vuelva a ocurrir. Por eso es tan importante que en un centro de educación superior se rinda este homenaje”, expresó Graciela Nívoli. Respecto a Mario, dijo: “Hablar de mi hermano es hablar de una generación de jóvenes comprometidos con ideales de un país más justo, más equitativo y más libre. Por eso es tan importante que haya memoria y justicia. Para nuestra familia es muy importante este homenaje y lo agradecemos mucho”.
Estuvieron presentes también la secretaria de Extensión de la UNL, María Lucrecia Wilson; la secretaria de Cultura y Medios, María Lucila Reyna; la directora del Programa de Derechos Humanos, Rocío Giménez; el director de la EIS, Eduardo Lázaro, autoridades universitarias y referentes de organismos de derechos humanos.
Parada EIS
El recorrido inició frente al Mural por la Memoria, una obra de Ana Castro, artista visual, docente e hija de ex presos políticos de la última dictadura, cuya propia biografía está atravesada por las experiencias del terrorismo de Estado y la reconstrucción de la vida en democracia. El mural fue realizado originalmente en 2006, al cumplirse 30 años del golpe de Estado de 1976, como una intervención artística destinada a mantener viva la reflexión sobre el pasado reciente dentro del espacio escolar.
Como segundo momento del recorrido, la intervención realizada por estudiantes de la Escuela Industrial Superior en el marco de los 50 años del golpe de Estado de 1976 propuso detenerse en una pregunta central: ¿qué significa recordar cuando ya han pasado cinco décadas?
El tercer punto del recorrido fueron las Baldosas por la Memoria, emplazadas sobre la vereda de calle Junín en homenaje a 17 ex estudiantes de la Escuela Industrial Superior que fueron asesinados o permanecen detenidos-desaparecidos durante el terrorismo de Estado. Colocadas en el marco de la conmemoración de La Noche de los Lápices, estas baldosas no sólo recuperan nombres y trayectorias individuales, sino que invitan a pensar a la escuela como un espacio históricamente atravesado por la participación estudiantil y la formación de jóvenes comprometidos con los debates, conflictos y proyectos colectivos de su tiempo. Detrás de cada nombre hay estudiantes que transitaron estas aulas, construyeron vínculos, imaginaron transformaciones sociales y encontraron en la participación política una forma de intervenir sobre la realidad. Recuperar sus historias implica reconocer que la escuela no fue ajena a los procesos políticos del país y que la formación técnica convivió históricamente con la construcción de ciudadanía, pensamiento crítico y compromiso social.
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